“La falsa imaginación te enseña que cosas tales como la luz y la sombra,
el largo y el alto, lo blanco y lo negro son diferentes y tienen que ser discriminadas;
pero ellas no son independientes una de la otra; ellas son aspectos diferentes
de la misma cosa, ellos son conceptos de relación, no la realidad.”
La percepción es uno de los temas más estudiados en la psicología, y podríamos tratar de definirla como el significado e interpretación que vamos dando a acontecimientos, imágenes, sonidos, palabras, en fin, a todo. En el budismo también es uno de los conceptos más estudiados y fundamentales de entender; para el budismo la realidad que vivimos es una ilusión que vamos construyendo desde la percepción.
Así como en el mundo de los sueños podemos percibir emociones, colores, olores y crear historias, así se dice que ocurrirá lo mismo ante la muerte, pero con la vida de día que a veces consideramos cargada de realidad objetiva. O sea, que, de alguna manera, en el budismo la vida como la experimentamos es también un sueño.
Independientemente que yo concuerdo con la ideología budista sobre la percepción, creo que a todas las personas nos sirve tener consciencia y recordarnos constantemente al menos de la parte psicológica, la que corresponde a la conducta humana. Cuando perdemos la noción de que lo que estamos viviendo se puede contar de distintas formas, puede tener distintas interpretaciones y significados, todo toma perspectiva. Podemos pensar mejor, tomar mejores decisiones, y no ahogarnos en propias tormentas.
Un acontecimiento que puede llegar a vivirse como algo doloroso, como algo injusto, como algo “malo” a veces puede llegar a prevenirnos de que ocurra algo peor. Por ejemplo, perder un vuelo a un viaje muy deseado podría resultar algo bastante molesto para una persona, pero desde una mirada más amplia tal vez esa pérdida evitó que ocurriera algo más dañino. Por ejemplo, el tener una decepción amorosa se puede percibir como algo malo o doloroso; sin embargo, puede ser lo mejor ocurrido para un futuro camino de más armonía y felicidad.
La percepción no está únicamente en función del futuro, también está en cómo nos contamos una historia del pasado, cómo le damos significado y sobre todo cómo la podemos reelaborar para nuestro bienestar. En el presente se observa en cada día, en cada historia, incluso hasta en los colores que creemos ver, pero no todas las personas vemos lo mismo, ni escuchamos lo mismo, vamos viviendo la vida en base únicamente a nuestra interpretación. Y si en algo tan simple como no ver el mismo color en un objeto, ¿qué podríamos decir al dar significado a las acciones y palabras de cualquier otro?
Cada persona es un mundo conformado de creencias, pensamientos, interpretaciones, deseos, traumas… cada acción o cada acto no realizado de alguien puede decir una cosa o puede llegar a decir varias en conjunto. La idea que te construyes ante ese acto o no acto de esa persona, es tuya, es propia y corresponde a tu propio esquema y constructo que tienes en base a tu percepción. Y creo que tener esto presente constantemente nos puede ayudar a ser más tolerantes, respetuosos y compasivos con la gente en general: mi verdad no precisamente es la verdad objetiva.
Por lo anterior me resulta algo peligroso navegar bajo la idea de no aceptar opiniones, de no aceptar otras “verdades”, otros puntos de vista. Aunque seamos cada uno de nosotros los maestros y jefes de nuestra propia vida, aunque seamos seres con un instinto que nos protege y nos encamina, también somos personas que vivimos y esquematizamos bajo la percepción. Creo que justamente debemos estar siempre abiertas y abiertos a opiniones, cuestionamientos y otras formas de pensar y sentir.
No hay una sola forma de vivir, no hay una sola manera correcta de hacerlo, no existe el bien ni el mal en su totalidad, el error sin el aprendizaje o el aprendizaje sin la experimentación. Como vamos significando el camino es interesante; observar cómo lo hacen los otros es aún más. No perdamos la capacidad de reelaborar la historia del pasado, de abrir las puertas para la construcción de la del futuro, y sobre todo no descuidemos la compasión propia y comunal en el presente.
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