Feminicidios en México: mi mirada y el miedo

     Debo decir que escribir sobre este tema es algo que hace tiempo quiero hacer y que le había sacado la vuelta. Me rompe el corazón la realidad de mi país, me rompe el corazón la realidad de cada alumna, cada paciente, cada mujer en mi vida. Aunque el tema de feminicidios en México lo toco en cada una de las clases que imparto de psicología social y se analiza desde distintos ángulos, mi rol como profesora hace que pueda generar una defensa en el momento y que maneje la desconexión suficiente necesaria para no romperme en el discurso.

Hoy estoy sentada con un café en mi escritorio tratando de poner en palabras una realidad que me revuelve el estómago, que me atormenta y que tengo que negar muchos días de mi vida para poder salir a caminar tranquila, para poder escuchar a mis pacientes jóvenes sobre sus aventuras sin que interfiera mi propia angustia en su discurso, para poder ver todo lo bonito que hay en el vivir libre de una mujer. Estoy sentada tratando de poner en palabras un tema que me queda grande para abordar pero que en mi día a día me ha afectado tanto y de tantas maneras. 

Hace poco caí en cuenta que las mujeres mexicanas vivimos con un trauma y cuando llegamos a tener vivencias (las que tenemos la oportunidad) de irnos a vivir a otro país nos descubrimos con estrés post-traumático. Nos descubrimos intranquilas creyendo que alguien nos podría seguir, creyendo que alguien nos podría hacer algo porque está comenzando la noche, creyendo que está MAL ir por la vida libremente y solas. ¿Te has puesto a pensar que nuestra forma de vida al ser mujer en este país es que no deberíamos estar solas?  ¿Te has puesto a pensar lo retorcido y mal que está este pensamiento? 

En este escrito quiero dejar las cifras y estadísticas de lado, y no porque no importen, al contrario, es lo único que muestra en cara la realidad social que vivimos. Quiero dejarlas de lado porque quiero hablar de la emoción que tenemos día a día mientras vivimos. Quiero hablar de lo que se siente esperar por la noche y no poder dormirte hasta que tu amiga te dice que llegó bien a su casa después de haberse trasladado en Uber, quiero hablar de lo que se siente cuando tu paciente de 23 años te dice que no puede salir a caminar en su colonia porque vive en el Estado de México, quiero hablar de lo que es tener que cargar con herramientas en tu bolsa por si algún día alguien te quiere hacer algo.

Me pongo a pensar tantas veces si quisiera traer una hija a este país, a esta realidad social en donde los feminicidios aumentan en cifras y el gobierno no hace nada, en donde en redes sociales gente ignorante sigue ofendiéndose con el término “feminicidios” porque no lo entienden, porque no lo quieren entender, porque no les importa entenderlo… ¡No les importa!… me pongo a pensar y a sentir. 

No podemos callar y no podemos hablar siempre, es desgastante mantener un discurso con un tema que duele y amenaza y vulnera tanto. Pero no podemos callar, y debemos hablar las unas por las otras, y los unos por las otras. Y debemos exigir, y debemos incomodarnos, porque no hay nada más incómodo que una familia que perdió a una hija, prima, hermana, sobrina, amiga, por el simple hecho de salir un día a hacer su vida y ser mujer. No podemos ignorar el dolor ajeno y no podemos ignorar el propio. No podemos ignorar el hecho de que no somos libres de nuestros días y nuestra vida. No pienso cerrar los ojos jamás ante este hecho. 

Creo en la mejora social de cada rincón de nuestro planeta, creo en el cambio y creo en la educación y creo que con la misma las situaciones pueden ser mucho mejores. Pero también creo que los cambios no se dan desde la indiferencia, la ignorancia y la comodidad. Creo que los cambios se dan desde el miedo, el enojo, la tristeza, la valentía, la fuerza para hablar y gritar y gritar y exigir. Creo que el pedir algo desde lo interno y lo privado es válido y tal vez necesario también, pero creo que el silencio hacia lo externo y lo público es complicidad.

Quiero terminar mi vida recordando lo que alguna vez fue tener miedo y haber vivido en estrés post-traumático, quiero escuchar a mis pacientes platicarme cómo conquistaron las calles de noche en su juventud, quiero poder irme a dormir tranquila cuando mis amigas se vayan de mi casa, quiero que mis sobrinas no conozcan las reglas de “ser mujer”, quiero que ninguna familia más vuelva a vivir el dolor de perder a alguien, y quiero que el género y el cuerpo no sea una privación de nada para ningún ser. 

Post original en: http://www.ideasendeconstruccion.com

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