“Si el periodo de posguerra fue denominado <<era de la ansiedad >>,
y las décadas de 1980 y 1990 <<era de los antidepresivos>>,
ahora vivimos tiempos bipolares”.
Darian Leader
Desde hace años los casos de bipolaridad suenan más entre el tejido social. Muchas veces estaba esta enfermedad escondida en depresión, pero al surgimiento de un episodio maníaco es cuando las personas se percataban había algo más. Los diagnósticos hasta hace unos pocos años aún no eran tan atinados, puesto el trastorno bipolar no era tan frecuente. Hoy en día es cada vez más común escuchar personas diagnosticadas con el mismo, así también con noción consciente de sus episodios depresivos y maníacos.
Darian Leader es psicoanalista y escribió un libro llamado Estrictamente bipolar que te recomiendo mucho leer si quieres saber más de esta enfermedad o poder entenderla mejor. En base a las ideas de este libro es que trataré de resumir lo más posible los puntos importantes a destacar.
Estábamos más familiarizados con los síntomas depresivos que con los maníacos definitivamente. Como menciona Leader, la confianza, la euforia y la energía que caracterizan las fases iniciales del episodio maníaco parecen encajar bien con las exhortaciones al éxito, la productividad y el intenso compromiso que exigen ahora los negocios y diría yo que la vida misma también.
Estamos en un mundo competitivo en donde ya no basta tener una aspiración y una profesión, estamos en un mundo en donde quien gana es quien hace veinte cosas a la vez y que el mismo sistema nos empuja siempre a más y más. Las redes sociales nos llenan constantemente de estímulos y una falsa creencia de que estamos conectados con todo y todos, cuando no hay nada menos real que eso. Todo esto ha llevado a disparar manía en muchas personas, inclusive, aunque no se desarrolle una bipolaridad como tal, los episodios maníacos están a la orden del día.
Cuando una persona con bipolaridad pasa de un estado maníaco a uno depresivo, sufren terribles bajones. Los sentimientos de confianza, grandeza o excitación desaparecen y se vuelcan en tristeza, desesperanza, frustración y muchas veces culpa. Existe la falsa creencia que los estados depresivos son los únicos peligrosos o cuando una persona tiene ideación de muerte. Sin embargo, no es así, es durante los episodios maníacos que también se debe prestar mucha atención al paciente, al familiar, a uno mismo. Porque es durante la manía que se tiene la energía o la fuerza para actuar impulsos que muchas veces están cargados de agresión.
Una paciente con bipolaridad (le llamaré X) que tuve hace muchos años me comentaba cómo ella identificaba cuando iba a entrar a un episodio de manía. Decía que comenzaba a cambiar todo en su casa compulsivamente, cambiar los focos de un lugar al otro para “regular” la luz. Sacar todos los platos y vasos, y volverlos a acomodar. Todos estos actos impulsivos a ella ya le daban conocimiento que su energía estaba por cambiar completamente. Cuando estaba en el estado maníaco la pasaba bien, se sentía feliz, hablaba mucho con todas sus vecinas, llenaba de juguetes a sus nietos (gasto que después le costaba mucho pagar), tenía compras compulsivas, y se sentía sumamente bella y espectacular.
Cuando la paciente X de pronto ya no se sentía motivada a arreglarse, no quería hablar con nadie, no salía de casa, se daba cuenta tenía muchas deudas, no tenía ánimo de prácticamente nada, es cuando había pasado de nuevo a su fase depresiva. A veces la manía duraba meses, a veces semanas, a veces días. Reconoce que durante su estado depresivo es que tenía las ideaciones de muerte, pero los tres intentos suicidas que tuvo fueron en su etapa maníaca en actos de enojo ante confrontaciones.
Vi a la paciente X por 3 años, durante ese tiempo ella ya estaba mucho más estable tomando sus medicamentos, hacía el esfuerzo cada semana de ir a su terapia, me marcaba en momentos de crisis y sobre todo abrió el diálogo con su familia y seres queridos sobre esta enfermedad y cómo la podían ayudar.
Con lo anterior quisiera cerrar, la bipolaridad es una enfermedad; mas, como muchas otras, es importante la atención médica oportuna. Es importante quitar los estigmas y abrir el diálogo, hablar socialmente de este mal que nos aqueja a todas las personas. Es importante tomar la responsabilidad de estar bien con uno mismo y con los demás. Las personas con este tipo de trastorno deben tener, además de una medicación adecuada, una terapia que les acompañe en todos los aspectos cognitivo emocionales.
Y sobre todo tenemos que recordar que nadie somos una etiqueta, que podremos tener un x diagnóstico de algo, pero eso no nos conforma en identidad. Un diagnóstico no nos hace ser, pero debemos aprender a vivir con el mismo.