Hablemos de suicidio para su prevención

“There is but one truly serious philosophical problem, and that is suicide.”

Albert Camus

     El suicidio ha sido un tema tabú en muchos países a lo largo de la historia; en la sociedad, escuela, familias e incluso en ocasiones en el mismo consultorio cuando se aborda una depresión. Se le ha nombrado al suicidio como la última salida a un momento de desesperación, o a una serie de momentos desafortunados en la vida de una persona. Hoy en día se debe quitar el tabú sobre el tema y se debe abrir, se debe desmitificar que si se habla al respecto se dan ideas o puede haber un aumento de casos. No es cierto que el suicidio lo cometen únicamente personas con enfermedades mentales como la depresión o la bipolaridad; hay veces que es opción también para personas “sanas” en momentos de presión y neblina.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) publicó en el 2018 que cerca de 800,000 personas se suicidan cada año, y que es la segunda causa principal de muerte en los jóvenes de 15 a 29 años. Por cada suicidio, hay muchas más tentativas de que ocurran otros cada año. En México, según el INEGI, 8 de cada 10 muertes por suicidio las cometen hombres. Yo me pregunto, ¿tendrá algo que ver el estigma social sobre el hombre respecto a no poder mostrar las emociones; de hablar de los sentimientos, de acudir a terapia, de desahogarse con el mismo permiso que se le ha dado a las mujeres? La explicación a este fenómeno también radica en que los métodos que utilizan los hombres cuando quieren acabar con su vida son mucho más violentos y directos que los que usan las mujeres; por lo tanto, estadísticamente más mujeres tienen intentos de suicidio, pero más hombres los completan.

Algunos de los mitos más comunes sobre suicidio son que hablar del mismo es sugerirlo, que las personas que amenazan con suicidarse no lo hacen, que los suicidios ocurren en invierno (abril es el mes donde más suicidios se cometen en México). Que las personas suicidas tienen enfermedades mentales, que el origen es siempre la depresión (no todo suicida tiene depresión). 

Hace un par de días estuve en un evento de salud mental y tuve la fortuna de escuchar y conversar con el Dr. Joshi Shashank, profesor de psiquiatría y ciencias de la conducta en la Universidad de Stanford. Recalcaba en su conferencia sobre depresión y suicidio en jóvenes que tenemos mucho camino que recorrer y mucho que hacer en el tema de prevención, que se pueden evitar muchos suicidios, sin embargo, no todos. Hay ocasiones en donde por más cuidado, trabajo y estrategia que se establezcan, la persona va a querer terminar con su vida y nada del trabajo, cuidado o amor que se den pudo haber evitado esto. Hay que recordar que todos somos responsables de nuestros actos, pero el suicidio se comete en momentos donde la mente se nubla, y debemos utilizar todas las herramientas posibles para quitar esta nube densa que no deja actuar con claridad.

En las escuelas (en todos los niveles, principalmente preparatoria y licenciatura) se están comenzando a tomar medidas más serias de prevención. Se abre el tema, como antes no se hacía, se responden las dudas de los estudiantes, las de los familiares. Se hacen campañas de prevención y acompañamiento. Tengo como referencia el Tec de Monterrey, puesto ahí doy clases de psicología y además es una institución en la que colaboré muchos años. Una de las cosas que se hicieron a nivel nacional y ha funcionado bien es la línea de ayuda que está activa 24/7, a nivel nacional; me comentaban que en tan solo un campus se reciben 500 llamadas al mes, esto es un gran escape, alivio y acompañamiento a momentos de crisis que los estudiantes pudieran estar pasando. Estamos dando como institución y profesorado voz a los alumnos a manifestar su angustia, sus dudas, la crisis de la vida misma y que además en la adolescencia retumba por todos lados. 

Algunas de las preguntas más frecuentes que me han hecho y se hacen respecto a este tema son sobre qué hacer cuando una persona te comunica que quiere terminar su vida. Ya sea que seas profesor, estudiante, hermano, amigo o compañero. Lo más importante y mejor que podemos hacer es escuchar lo que esa persona tiene que decir, no negar lo que estamos escuchando, abrir la puerta a que se desahogue. Lo segundo que se debe hacer es hacerle ver que está pasando por un momento en donde esta nube está encima y no permite ver con claridad el camino y por último, pero más importante, romper la confidencialidad, no guardar el secreto, comunicar esto a personas cercanas del manifestante para construir una red de apoyo que conlleve a la prevención y al mejoramiento de ánimo y vida de esta persona. No podemos cargar en nuestros hombros el peso de situaciones que no sabemos ni tenemos por qué manejar; es indispensable la ayuda profesional siempre y sin duda. Lo más importante que podemos hacer es canalizar, acompañando de la mano eso sí, siendo empáticos, humanos. 

Es importante recordar que todas las personas pasamos por la adolescencia, esta etapa vulnerable, en la que nos sentimos parte de nada ni de nadie a veces. En donde nuestro cuerpo cambia, las hormonas cambian, en donde el contexto social y las expectativas que llenar cumplen un rol gigante y tienen un peso enorme en los hombros. Esta etapa en donde creemos que la familia no nos entiende, la escuela es inútil y que nos ponen una gran presión por ese futuro que pintan como un monstruo al cual tendremos que llegar eventualmente, y que va a demandar seamos unos súper héroes para poder sobrevivir a él. Hay que quitarle peso y presión a los jóvenes, claro que poner límites, educar, propiciar la responsabilidad y el sentido humano pero lo más importante hacer que disfruten el camino, la vida. Es importante no negar el camino a veces se vuelve pesado, permitir hablar sobre esta pesadez. Ayudarnos a encontrar alternativas, extendernos la mano, voltear a ver al otro como volteamos a vernos a nosotros mismos. Si nos acompañamos con apertura y honestidad, tal vez habría menos pensamientos sobre el para qué o por qué estar aquí.

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