La confusión de la post-cuarentena ante una pandemia aún existente

     Llegar a la Ciudad de México después de haber estado 5 meses en Monterrey me ha tenido muy confundida, liberada también, debo decir. Lo que es mi concepto de cuarentena en esta ciudad es radicalmente distinto al concepto de cuarentena que tenía en aquella mi ciudad del norte. Y aunque no he salido a ver a un grupo de gente, o a alguna reunión o siquiera a un restaurante a comer, tan solo el hecho de salir a caminar por todo lo necesario y ver las calles repletas de gente, los cafés y comercios abiertos y funcionando casi en normalidad, el ir a visitar amigas a sus casas o me visiten en la mía. Ya con eso es bastante distinto a estar en una casa rodeada únicamente de naturaleza y con ningún humano a la redonda más que mi familia y mis seres más allegados.

¿Te ha pasado que te asumes aún en cuarentena pero que ya no lo estás del todo? ¿Te ha pasado toparte con comentarios o realidades en donde el otro se asume en cuarentena, pero no consideras tú que realmente lo está? ¿Qué nos está sucediendo psicológicamente en este periodo tan extraño? Creo que estamos en una línea de confusión permanente sobre entre no concebirnos en una normalidad (la vida de antes aún no existe), pero por otro lado en la mayoría de la gente (al menos de mi edad), no existe ya un aislamiento como tal. Es como una sensación de estar perdida entre un ideal y la realidad que vivo.

Noto en el ambiente una sensación de culpa, incertidumbre e incomodidad constantemente. El saber hay distintas realidades a la nuestra, unas mucho peores (para los que hemos librado estar sanos hasta ahora) genera una culpa manifiesta en ocasiones; ¿debería comenzar a salir, debería retomar trabajo presencial, debería acceder ir a reuniones? Está la constante incertidumbre de que el virus pueda llegar de cualquier forma en cualquier momento, pero se comienza a activar fuertemente el mecanismo de negación con el cual funcionamos en la constante de la vida, se comienza a activar por la normalización del panorama. La pandemia aún existe, pero estamos cansadas y conlleva a la incomodidad del salir, del ver a la gente, de tratar de dibujar el límite entre lo que me permito y con lo que aún no puedo lidiar. 

Hay un tema en específico que noto que ha cobrado mucha importancia: ¿quién diría debemos tener presente en todo momento los límites de la distancia, del tocar a otra persona y de poder abrazar? En tiempos de cuarentena y post-cuarentena debemos ser cuidadosos sobre no cruzar una línea de tranquilidad en la otra persona que vemos, ya sea en un contexto laboral o social, incluso de gran amistad. Hay gente que aún no sabe en dónde acomodar esta parte de normalizar la interacción, o que decide incluso no hacerlo. Llegar a abrazar a alguien en estos momentos sin tener primero el consentimiento, es un acto de agresión. Debemos tratar de ser empáticos ante cada una de las personas que comencemos a ver, saber cómo lo están llevando y que acciones y tipo de interacción les hace sentir bien. 

Esta situación social que hemos vivido mundialmente iba a cobrar factura eventualmente en el tema emocional, algunas personas la llevan mejor que otras, algunas tienen tal vez más herramientas para haber estado en balance mental y emocional todos estos meses. Hay un clima que noto un poco en general de un cierto anhelo a que todo pronto sea como antes y una desesperanza a que no va a ocurrir pronto. Tal vez, recordar que todo es pasajero y que los tiempos difíciles pasan, podría ayudarnos a aterrizar en el aquí y ahora, podrían mostrarnos el lado de la compasión hacia nosotros mismos, a celebrar los pequeños logros que en este momento no son tan pequeños.

Te dejo este pequeño fragmento escrito por Elena Mikhalkova, que espero te pueda dar un poquito de serenidad, apapacho y esperanza:

“Una vez la abuela me dio un consejo:

En tiempos difíciles, sigue adelante a pequeños pasos.

Haz lo que tengas que hacer, pero poco a poco.

No pienses en el futuro, ni siquiera en lo que podría pasar mañana. Lava los platos.

Quita el polvo.

Escribe una carta.

Haz una sopa.

¿Lo ves?

Sigues adelante paso a paso.

Da un paso y detente.

Descansa un poco.

Enhorabuena.

Da un paso más.

Luego otro.

No te darás cuenta, pero tus pasos se volverán cada vez más grandes.

Y llegará el tiempo cuando puedas pensar en el futuro sin llorar”.

-Elena Mikhalkova, “La habitación de llaves antiguas”.

Post original en: http://www.ideasendeconstruccion.com

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