Sobre estar y (no) ser

“Cuando no sepas qué hacer, sé humano”. 

Daniel Taroppio

     Una pandemia ha sorprendido al año 2020, y con esta sorpresa, nos hemos movido todos. Los últimos meses nos han confrontado física, mental y emocionalmente; y no es para menos, vaya situación adversa que como humanidad estamos viviendo; y como bien dicen, todos estamos en la misma tormenta, pero no el mismo barco. No todos estamos viviendo esta pandemia y cuarentena (en algunos casos) de la misma manera, y si bien creo justamente en que no hay una sola manera de vivirla, hay algo que ha llamado mi atención, y es el observar sobre el mucho estar y poco ser.

El ser se ha visto amenazado por el poco estar, y ¿a qué me refiero con esto?, pues a que estamos acostumbrados a definirnos, reconocernos y estructurar nuestra vida en base a lo que hacemos, consumimos, las personas que vemos, los lugares que visitamos, entre otras cosas. Y no quisiera generar confusión respecto a que todas esas cosas estén mal o no sean válidas, al final de cuentas somos seres sociales. Pero también me he cuestionado sobre qué tan poco nos definimos, reconocemos y estructuramos nuestro Yo en base a simplemente ser.

Cuando hablo de ser me refiero al reconocer la vida y la integridad de la misma, “aunque no estemos haciendo nada”. Ya se lo escuchaba a Delia Torres en una conferencia de psicoanálisis en Argentina: se paró la máquina de producción, ahora somos vida. El ser involucra el poder respirar y calmar nuestros síntomas aversivos, el controlar los pensamientos aflictivos, el poder permanecer en paz a pesar de una adversidad o una disrupción de la realidad cotidiana. Entender que el ahora es la realidad y no lo es aquella que recae solamente en la construcción idealizada de la misma.

La mayoría de nosotros vivimos los días sin pensar que podría ser uno de los últimos de nuestra vida. Pasamos las horas casi siempre con agenda, rutinas, planes, distracciones; nos define lo que hacemos, las “máscaras” que construimos. Y no el simplemente ser; incluso durante una pandemia y en cuarentena encontramos por todos lados listas de cosas que se deberían hacer, pasos que seguir para vivir una cuarentena, un discurso de manía en donde encontramos objetivos como un cuerpo “fit”, crear un libro, aprender un nuevo idioma, retomar todos los quinientos pendientes que no se terminaron en la vida.

Me pregunto por qué pretendemos que, en un momento de crisis mundial y de estrés por la incertidumbre de no saber cuándo algo acabará o cómo acabaremos con eso, además de la amenaza constante que un virus representa en este momento de nuestras vidas, planteamos esos estándares de exigencia para dar sentido a nuestros días y, más profundamente, a nuestra vida.

Me parece suficiente que tengamos que poner empeño y energía a cubrir los objetivos comunes de nuestra vida, como el trabajo, tener la casa limpia, tener una cierta rutina, descansar (el insomnio durante esta cuarentena está a tope), y mantener el balance emocional (en la medida de lo posible); y todo lo anterior, mientras lidiamos con la angustia constante de todo lo que está ocurriendo. A nivel químico biológico estamos en alerta, a nivel físico estamos en alerta (cuando tenemos que salir, cuando recibimos un paquete, cuando pedimos comida, cuando lo que sea que hagamos que involucre contacto con el exterior) ,y a nivel emocional estamos en un desgaste constante y continuo.

Café por las mañanas y tardes, vino por las tardes y noches. Vamos de estimulante a depresor; acelerando los pensamientos y luego pretendiendo que pueden disminuir, sedándolos, para volver a activarlos en cuanto despertamos y querer encontrar una nueva rutina en un lugar en donde ya no cabe o no tendría por qué a fuerza caber. Y, aunque es rico, placentero y totalmente válido distraer y sedar la mente en momentos tan estresantes como el actual, también me ha hecho cuestionarme toda esta situación, si todo esto que estamos pasando como humanidad será también una oportunidad para todas las personas, una nueva oportunidad para reconocernos, descubrirnos, ubicarnos y sanarnos desde otra mirada. Tal vez desde otro lugar que contemple la vida por la misma vida y a nuestra alma (mente) sin estrictamente una agenda y un calendario.

 

Post original: http://www.ideasendeconstruccion.com

 

 

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