“La música compone los ánimos descompuestos
y alivia los trabajos que nacen del espíritu”.
Cervantes
La sublimación es de mis conceptos (y procesos) favoritos de la vida, ya que, al llevarla a cabo, sana la mente, pero también tenemos como resultado arte. Sigmund Freud explicó la sublimación como un mecanismo de defensa y como uno de los muchos destinos en los cuales las pulsiones pueden experimentar su desarrollo y manifestación final. Llegó a escribir que, la sublimación es el destino de pulsión más importante, ya que la pulsión originalmente sexual (digamos también que de angustia), halla su satisfacción en una operación que ya no es más sexual (o angustiante o disfuncional), sino que recibe una valoración social o ética superior; como lo es el arte.
Aclarando un poco la definición de Freud y tomando en cuenta que toda energía que está en el cuerpo genera una emoción o conducta, es que entonces podemos entender cómo un proceso mental o emocional que vive una persona (y que muchas veces es inconsciente) puede transmitirse en el proceso artístico que genera. Todas las personas podemos vivir un proceso de sublimación, independientemente del talento o las habilidades que se posean para generarlo y evocar un resultado placentero.
En este escrito se hablará un poco del proceso de composición musical de una persona que tiene clara la conexión que hay entre su estado de ánimo y lo que escribe, así como los momentos de vida cuando lo hace. Él considera que cualquier tipo de escritura proveniente de cualquier contexto o persona, es una extensión de su estado emocional, aunque a veces no se vea a primera instancia. En su caso no solía verlo, pero con el tiempo fue dándose cuenta de que estaba expresando emociones que no podía decir en voz alta o no podía (por miedo o vergüenza), de tal forma que comenzó a utilizar esos sentimientos para escribir; generalmente desde emociones negativas y “oscuras”. Considerándose como un “antisocial” ha plasmado en letras las ideas, conceptos o cuestionamientos que quisiera hacerle al mundo, pero con el tiempo se ha dado cuenta que todos esos cuestionamientos realmente se los estaba haciendo a sí mismo.
Hay algo que siempre me he cuestionado sobre la creación artística y es que si al crear el arte, en este caso escribir y musicalizar letras, hay un reparo emocional o más bien, se abre una caja de pandora por así decirlo para trabajar con esa emoción y repararla posteriormente (por ejemplo, en una psicoterapia). Sobre esto, él dice que definitivamente hay una reparación emocional ya que son varios los procesos que conllevan a escribir una canción; desde que se expresa algo en forma musical, ya se está poniendo una emoción que va adherida a lo que se compone. Comenta que en la música se habla sobre acordes “tristes” y acordes “felices”, acordes que recuerdan la muerte y otros melancólicos; por ejemplo, el réquiem de Mozart está escrito en “re menor” que es un tono asociado a la muerte. Desde el momento que se escoge inconscientemente un tipo de acorde, ya se están proyectando emociones desde una forma abstracta. Después que se agrega la letra (que para él es la forma más íntima de comunicar una idea) ya que se expresa con el lenguaje que el “otro” está escuchando y entendiendo también; él considera es la esencia del reparo emocional por que hay un diálogo y un “otro” recibiendo un mensaje.
Por último, cuando abordamos el tema sobre la exposición y hacer público ese arte y lo que él siente o cuál es la intención de mostrar algo tan íntimo, es que justo se tiene claro que es por un lado el reparo emocional, y por otro el placer de generar arte. Él señala que al ser una persona con muchos sentimientos e ideas que están desbordadas o no en control y que, al no ser bueno para acomodarlas por así decirlo, y expresarlas en una comunicación “normal” con otras personas, es cuando exponerlo se hace la mejor y más sana manera de tratarse a sí mismo. Si se expone y se acepta, comienza el proceso de sanación. “La música, escribir canciones, letras, acordes, arreglos, ha sido la mejor terapia para mi con el paso de los años”.
Así qué, honremos las expresiones artísticas, sean como sean, además de hacernos las vida más bella y alegrarnos el espíritu, es una excelente descarga emocional y mental que reparan y sanan.
“Escribí la frase: ¿Qué es lo que crees que te llevaras después para el camino?, si el orgullo y la soberbia antecede la tragedia, y las promesas incompletas desesperan y se van… En su momento creía que estaba hablando de los demás; de algo “generacional”, pero en realidad estaba hablando de mí.” David Cavazos, compositor de Mississippi Queens.
Post original: http://www.ideasendeconstruccion.com