De luna llena.

Pon una hoja tierna de la luna

Debajo de tu almohada

Y mirarás lo que quieras ver.

Lleva siempre un frasquito del aire de la luna

Para cuando te ahogues,

Y dale la llave de la luna

A los presos y a los desencantados.

Para los condenados a muerte

Y para los condenados a vida

No hay mejor estimulante que la luna

En dosis precisas y controladas.

 Jaime Sabines

     Símbolo y vida misma; la luna siempre nos ha acompañado con su elegante presencia, sus cambios cíclicos, su luz y energía. La luna siempre nos ha guiado, llenando el camino de cuestionamientos enigmáticos, ¿la energía nos afecta? ¿debemos hacer o dejar de hacer cosas debido a las fases lunares? ¿la luna tuvo responsabilidad en mis actos? ¿la luna me quiere decir algo que aún no entiendo o que va a pasar y aún no sé? ¿debo cuidar o prestar más atención a situaciones por la luna misma? ¡Ay, la luna!, sea cual sea el cuestionamiento, nada le quita la belleza, el enigma y el poder.

     Cuando era niña y por la noche me movía en un carro, siempre creía que la luna me estaba siguiendo, nos estaba siguiendo, y creía era una especie de protección, aquel faro gigante que alumbra en la noche y que no te deja sola. Así que desde niña para mi la luna es símbolo de cuidado, de cálida luz, y de guía protectora. En días pesados, voltear a ver la luna me calma, me recuerda que como sus ciclos, todo cambia y pasa; y también me da perspectiva a no olvidar siempre ver un panorama completo, salir de lo inmediato y tratar de ver hasta donde sea posible “el todo”.

     Es común que en terapia lxs pacientes hablen de cuestiones astrológicas y de los ciclos de la luna para cuestionar sus comportamientos. Y si bien, en la terapia hablamos y aterrizamos que la energía provenga de donde sea, siempre podemos tener el control de nuestros actos y sobre todo desde la perspectiva de cómo vemos y tomamos las situaciones. Entonces a pesar que haya una energía más alta en una luna llena, podemos saber como canalizarla y drenarla de una manera productiva.

     Personalmente no le doy un lugar a la energía lunar respecto a mis decisiones de vida o las emociones que pudiera estar experimentando, al final de cuentas la ciencia sigue teniendo un lugar importante en mi vida. Pero me considero una romántica lunar, además de lo evidente que es que cualquier sistema vivo, ¡y vaya qué sistema vivo!, enorme y lleno de luz, genera energía y esa energía a nosotros como otro sistema vivo, obviamente nos afecta, genera un efecto. Negar el efecto lunar en el humano o en las plantas sería absurdo.

    Desde épocas muy antiguas las cosechas están guiadas por las fases lunares, y desde épocas ancestrales muchos de los rituales de vida cotidianos desde un corte de pelo hasta generar un nuevo proyecto, tienen que ver con estos cambios de fases lunares. Pocas cosas me parecen más bellas que un ciclo de armonía entre elementos de nuestro universo, planeta, nuestros elementos naturales y nosotros humanos. Es como una danza que tienen sus pasos, sus tiempos y todo juega en armonía.

    Independientemente si creamos o no, en que la energía lunar tiene un efecto en nuestro comportamiento y actitudes; siempre vamos a poder admirar su esplendor y belleza. Y en estos tiempos tan críticos para la humanidad en este planeta, tener una luna llena de abril da libertad, da esperanza, da armonía. Así que gracias a ti, “luna rosa” por llegar a pintarnos un poquito con tu luz y color.

 

 

 

 

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