El machismo en el norteño mexicano : un análisis sociogenético

 

      Para comprender qué es lo mexicano o la mexicanidad, creo es importante definir la identidad. La identidad es un concepto estudiado desde diversas disciplinas puesto es tan amplio lo que abarca como definición, que en muchas ocasiones una persona llega a creer ha llegado a perderla o nunca encontrarla. Laplanche define a la identificación como un proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones. (Laplanche, 1967). A partir de la identificación surge la identidad, en 1923 Freud utilizó el concepto identidad en relación a las identificaciones proyectivas que realiza el sujeto en el devenir de su existencia, igualmente insistió en la relevancia de la imagen corporal como identificación para la formación del yo. Después en 1962, la autora Melanie Klein desarrolla el concepto de self como una representación que se instaura en el yo, y es desde la diferenciación y permanencia de estas representaciones que depende el sentimiento de identidad. Entonces en base en estos conceptos dados por Freud y Klein, podemos definir la identidad como algo que requiere cuerpo, que existe en el tiempo, que se construye un Yo a partir de proyecciones con otro(s) y que se representa cotidianamente. Y aunque claro que comienza a nivel individual desde la separación del Yo con el Yo materno (cuando el bebé se da cuenta no forma parte de la madre sino que tiene propio cuerpo), después la identidad se compone de elementos mucho más sociales como pertenecer a un país, una religión, una ciudad, una escuela, un color de piel, de cabello, el nivel socioeconómico, gusto musical, etc.

     Ahora bien, estableciendo el concepto de identidad es importante hacerse la pregunta ¿Cuál es la identidad del mexicano? ¿Qué conforma la mexicanidad? ¿Hay un solo tipo de mexicano?, entre otras interrogantes. Carlos Monsivais escribe en el 2017 un artículo muy interesante sobre identidad nacional mexicana. Le nombra “Lo sagrado y lo profano” y hace un análisis con estos cuestionamientos sobre nuestra identidad en México. “Según la industria cultural, la Identidad es el catálogo donde se inscriben lujos emocionales, pasiones sublimadas por la fatalidad, alianzas entre raza y destino trágico o cómico, gusto por la muerte, machismo, irresponsabilidad, sentido totalizador de la Fiesta. Sin aferrarse al purismo, esta industria comercializa la experiencia colectiva hasta desdibujarse, y luego de breves resistencias llama Identidad al sincretismo. Así se da, en las fiestas de noviembre, la interacción del Hallo­ween y el Día de Muertos, que en verdad no convoca a ultraje alguno, porque más mexicano que este Halloween superanaranjado y baratero, ni Tlaquepaque.” (Monsivais, 2017). Comenta Carlos, que de existir la “identidad nacional”es también como respuesta a necesidades de adaptación y sobrevivencia y por lo tanto es una entidad móvil, cambiante. Y que debido al centralismo que hubo desde 1950, las versiones populares de “Identidad Nacional” corresponden a las de la capital de la República. Con este punto se podría de alguna manera decir que el ser mexicano en la Ciudad de México, no es lo mismo que ser mexicano en Chiapas o en el norte del país. La identidad mexicana se conforma no solamente de tradiciones, también de mitos, canciones, cultura oral, televisión, corridos; además de todo los elementos irreductibles como el Estado, proceso educativo, tradiciones, cultura. La religión juega un papel muy importante, el culto a la vírgen de Guadalupe (por supuesto más visto en las zonas centrales del país), la devoción a asistir a un ritual de fin de semana en iglesia, el fervor de la oración. Todo eso conforma parte de la la llamada identidad mexicana.

     Por supuesto la identidad mexicana es volatil, cambiante y no es la misma para todas las regiones de México, podría decirse hay muchos tipos de mexicanidad. Norbert Elias (1977) en su libro “El proceso de la civilización” deja muy claro cómo las sociedades se van estructurando conforme a rituales y un proceso de “culturización” dando a la sociedad una pertenencia, una voz para respuestas emocionales y cognitivas. Su investigación sociogenética y psicogenética nos diría que tal vez la forma de relacionarse del mexicano norteño, la forma de comer y lo que come, lo que piensa y lo que siente son moldes sociales que le dan un sentido de pertenencia, de identidad. La vestimenta que se usa en una zona rural es distinta a la que se usa en una ciudad, cada uso de vestimenta está dando respuesta al proceso de civilización que ha tenido esa masa social. En Monterrey por ejemplo, y otras ciudades del norte, los usos, tradiciones y costumbres están más arraigados a la cultura americana que a la tradicional mexicana. Mientras que en el sur del país prevalecen aún muchas costumbres y lenguas indígenas; el proceso de civilización que descibre Norbert, no es el mismo en todos los lugares del país, ni responden a las mismas emociones ni es objetivo. A la vez esto lleva a que tengamos distinta emotividad hacia el comportamiento o ciertas situaciones, respuestas emocionales ligadas también a la vergüenza como establece; lo correcto y lo incorrecto, lo moral y lo inmoral.

     Ahora bien, en este ensayo si bien lo que se analiza es la mexicanidad, y al ser un tema tan amplio y subjetivo, se eligió estudiar al machismo en el mexicano del norte; que si bien se podría decir la cultura machista prevalece en todo el país, es mucho más puntual y burda en este territorio del país. En donde aún muchas tradiciones dividen al hombre de la mujer, tanto en el sector empresarial, político y por supuesto familiar. El ejercicio de poder además de estar en un sector cerrado de la población, se sigue moviendo en esferas donde predomina la presencia masculina. Pero más que en el sector político y empresarial, me gustaría abordar el familiar y relacionarlo con la teoría de Foucault (1979) que menciona en su libro “Microfísica del poder”, en donde el núcleo familiar forma parte de un todo dinámico en este denominado ejercicio de poder. Si en el núcleo se siguen permeando conductas, estas van a ir desenvolviéndose en otros puntos sociales.

     El proceso social que define al norteño machista ha ido cambiando con el tiempo, evolucionando. Si bien no estamos en la época de la revolución y a partir del auge feminista de las últimas décadas, las mujeres cuentan con muchos más privilegios y sobre todo oportunidad en el ejercicio del poder. Sin embargo, los proceso sociales más generalizados del norteño machista van desde el control del hogar y las reglas establecidas, hasta los más altos puestos en donde la mujer no puede siquiera poner la mirada. Foucault (1979), en su libro de “Microfísica del poder” explica de una forma muy clara, como el poder se va gestando desde pequeños sistemas, como podría ser el hogar; y por supuesto va llevándose a sistemas más grandes como los hospitales, las escuelas, la iglesia, las cárceles. Es curioso por ejemplo que en Nuevo León acabe de ser rechazada la propuesta de legalización del aborto, proceso médico que únicamente las mujeres ejecutan y que está legislado en su mayoría por hombres. Un claro ejemplo de la cultura machista y el nivel de proceso de civilización que se encuentra en Nuevo León por ejemplo, se refleja en la asociación “Frente Nacional x La familia” en donde se sigue defendiendo un discurso moral completamente retrógrada comparado con otros discursos políticos mucho más cosmopolitas; que los homosexuales no puedan casarse, que no llegue a haber adopción si no es a parejas heterosexuales y por supuesto, que no pase le ley de aborto. ¿Qué amenaza la legalización del aborto?, pareciera claro que un discurso moral, y como dice Foucault, el discurso moral conlleva al ejercicio del poder. Fortalecer a las mujeres no le conviene a ciertas partes del sistema (Foucault, 1979). Hay motivos más en el fondo por los cuales funciona se sigan manteniendo las cosas en un cierto status quo, el control natal, la fuerza de trabajo, los roles sociales, etc.

     El machismo se ejerce desde lo micro, lo casi imperceptible; el juicio duro a una sexualidad ejercida porque la mujer no lo puede hacer pero el hombre sí. La infidelidad como escándalo cuando es por parte de una mujer y como algo conocido y cotidiano cuando es por parte del hombre. La mujer en función del hombre, servir, asistir; y que se considera el hombre que lleva labores del hogar “ayuda en casa”. El hombre no tiene que dar explicaciones, el hombre debe guardar secretos porque la mujer no los entendería, el hombre es común llegue a tener otra familia, lo que se denomina como “casa chica”, pero es socialmente aceptado y la mujer debe servir eternamente en la casa grande.  El machismo actual, en donde en discurso el hombre tiene libre aceptación de que la mujer se realice profesionalmente pero si ésta tiene más éxito o aporta más económicamente a la casa, se ve amenazado. Si la mujer muestra más intelecto, entonces se ve amenazada su identidad mexicana, y en especial su identidad norteña mexicana. “Mostrar inteligencia pero no olvidar seguir haciéndole creer al hombre el toma las decisiones”, porque si no se siente vulnerable y se va a buscar esa validación con otra mujer que no tenga necesidad de ser o mostrarse más capaz. Todo esto se repite en el discurso constantemente, a un nivel muy nuclear, repitiéndose no solo por hombres sino por toda la masa, diría Foucault, todos participando en este ejercicio de poder.

       Anteriormente se ejercía una dominación social por parte de los hombres explícita y con permiso legal e histórico de hacerse; que las mujeres no pudieran ejercer un voto, estar en un corporativo, una empresa o una cierta carrera profesional. Evidentemente conforme han pasado las décadas y ha estado la revolución feminista se han cambiado las cosas. Pero entonces entra el concepto de disciplina que mencionaba Max Weber (1921); definiéndola como “obediencia habitual por parte de las masas sin resistencia ni crítica” y justo esta parte de la disciplina de la masa, considero aún no se ha movido u ocupado otro lugar tan radical. En los corporativos, aunque se abren más plazas para mujeres aún no se erradica el denominado “Techo de cristal”, las mujeres que ocupan puestos gerenciales perciben menos ingresos que los hombres por única cuestión de género, y los porcentajes de mujeres en puestos directivos aún están por debajo del 30% en un nivel global. Aún en el norte es casi imposible se acepte la idea de que una mujer sea la principal proveedora de un hogar o que el hombre sea quien ejecute la mayoría de las labores de casa. Y entonces surge la pregunta ¿Quién lo permite, cómo se participa, y cómo repercute todo esto en la economía? Y si analizamos desde un plano psicoanalítico, qué amenazas están en función de un grupo como del otro. La identidad del hombre se ve amenazada si no ejecuta el poder de la manera en que fue históricamente aprendido y heredado y la mujer aunque se podría ir empoderando y aceptando los cambios sociales no puede erradicar la culpa al ver la identidad de su pareja (suponiendo el caso) amenazada o fragmentada. Entonces es que el machismo se sigue permitiendo desde el endogrupo y el exogrupo, en la masa.

     Como dice Foucault (1979) en su libro Microfísica del poder, este ejercicio de poder que se vive en donde los hombres han sido y siguen ocupando un lugar más alto en las escaleras de las relaciones sociales, tiene que ver con una red que todos conformamos. Tanto mujeres como instituciones, la iglesia y el sistema educativo tejen este ejercicio que se manifiesta en diversos actos. Foucault hace una mención importante en sus obras sobre la locura, sobre el relegar o tachar de “loco” a alguien que se sale de la normativa de un sistema, de esta telaraña de poder. Y no es tan común escuchar “loca” “vieja loca” “mujer loca” cuando una mujer rompe con los esquemas sociales impuestos, cuando cuestiona, cuando juega, cuando evidencia a un hombre. Es un ejercicio de poder tal como el estado lo tiene con la vigilancia militar, es un ejercicio de poder micro, pequeño, que está correlacionado con un todo (Foucault, 1979). El otro es el sistema económico, las empresas, la política, las redes de poder pero no solamente nacionales, sino internacionales y de lo cual se retomará más adelante.

     En un artículo de Expansión se brindan datos históricos que ayudan a entender este tema de machismo y el ejercicio de poder que se vive en nuestro país, mucho más marcado en el norte. “Las mujeres mexicanas registran una menor participación en el mercado laboral que los hombres: según datos censales, en 1990 las mexicanas solo representaban el 22% de la fuerza laboral del país, y en 2010 llegaron a representar el 40% de la población económicamente activa… Un estudio de 2013 elaborado por El Colegio de México señala que la brecha salarial en México es, en promedio, de entre 6% y 8% en áreas urbanas.” (Vargas, 2014). Pero hay un tema muy ligado al laboral, el de la educación que tal como lo menciona Foucault una y otra vez, saber y poder están relacionados. Vargas menciona, un dato muy interesante, que en el nivel primaria y secundaria, el porcentaje de matriculación es mayor para las mujeres mexicanas que para los hombres. Sin embargo, la situación se revierte en el nivel de educación superior, al que llegan solo el 27% de las mujeres y el 28% de los hombres. Y esto es interesante, porque vuelve a reflejar lo mismo que en el sector empresarial, pareciera ser las mujeres tienen libre entrada y pueden aspirar a las mismas oportunidades que los hombres y los porcentajes en realidad sí están cuidados, se deben ver equitativos por todos los nuevos estándares de ISO que hay para las organizaciones. Pero así como llega un punto en donde no pueden subir mas, esto se refleja desde antes en la educación. La misma demanda social machista apunta a que en cierto punto de la mujer deba dejar sus aspiraciones profesionales e incluso la misma mujer las deja, para dar entrada a otro rol al que debe aspirar, el de la familia, el de los roles morales y valores que la sociedad dicta se deben seguir. Entonces hasta cierto punto se permite a la mujer que se prepare, se discipline, se eduque pero hay un tope en el que juega todo un sistema para que suceda y siga sucediendo así.

     En Vigilar y castigar de Foucault (1976), en el apartado de los cuerpos dóciles el autor describe cómo se va formando la identidad de un soldado, cómo se cambian las conductas, actitudes y después hasta el pensamiento para ir formando a una nueva persona que va a estar en función del estado o del poder. Así también menciona como se va formando la disciplina en un niño al estar en el colegio; cómo se tienen que formar, a qué hora, en qué línea, en qué punto. En donde no se invita a cuestionar al niño o al soldado, tal vez, el por qué está tomando la decisión de disciplinarse a eso, por qué lo está haciendo o en función de qué está. Y de igual manera creo que está parte de los cuerpos dóciles, moldeables están ligados con toda conducta social. En el tema social del machismo predominante en el norteño, está constituido desde la infancia, el qué esperar, cómo comportarse, cómo mostrar o no mostrar las emociones, o bien, qué emociones son permitidas para una cuestión y otra. Tanto para el hombre como para la mujer, y este rol social se va tejiendo y fortaleciendo, sin cuestionarse el por qué está sucediendo así. En ciertas regiones del país este tejido es mucho más fuerte y está en otro proceso civilizatorio, por eso hay tanta resistencia cuando vienen cambios sociales desde otro núcleo del deber ser (legalización del aborto, de matrimonio homosexual, de adopción en parejas homosexuales, etc.).

     Si pudiéramos describir a la mujer norteña que participa en esta dinámica de poder, estaríamos tal vez analizando “al otro”, estaríamos tal vez hablando de la mujer sumisa. Que participa en esta dinámica de poder que aparentemente se lo confiere al hombre pero que en las entrañas a veces se mueve de otra manera. Psicoanalíticamente se ha manejado la diferencia de sexo mediante pulsiones y represiones sociales. Sin embargo, desde la psicología social los roles de género han sido exclusivamente aprendidos y moldeados. Desde la época de la cazería en la que el hombre salía a matar al animal y llevarlo a la casa, y la mujer se encargaba de la administración del hogar, del cuidado de las crías, de cocinar, de agradecer lo proveido y crear en base a eso. Desde ese entonces se fueron marcando los roles sociales aunados al género. El hombre es el que ha construido sus ideales siempre en base a ser el que da, el que provee, el que sabe cómo funciona. Y la mujer la que lo administra, agradece, y lo sabe usar. La mujer en función del hombre; y así la sumisión funcionando de esa manera. Hoy en día que es bien visto la mujer salga a trabajar (aún no en todos lados ni en todos los contextos sociales) sigue estando la percepción de que lo trabajado y el dinero ganado no debería ser el que sea para proveer lo principal del hogar, porque eso justo amenaza la integridad del hombre. Y justamente me hace pensar que todos los roles y moldes aprendidos y cómo están permeados en la sociedad se vuelven un conjunto muy fuerte en donde las ejecuciones de poder son llevadas por la determinada “Masa” que Canetti (1983) menciona en su libro “Masa y Poder. En donde establece que nada teme más el hombre que a lo desconocido, por lo tanto por eso es tan difícil a nivel micro-individual romper ciertas conductas o patrones. Y simplemente se dejan pasar como los dicta la masa. Dando esta misma masa la energía para el flujo del poder de la manera en como está funcionando, aunque despacio esté cambiando. En este mismo libro y un tema muy ligado justo a la mexicanidad y el machismo norteño es justamente la psicología del comer, desde las premisas de Canetti donde establece que todo lo que se come es objeto de poder, es muy marcado en el consumo de carne y la forma de consumirla. Seguir consagrando rituales en donde solamente hombres están presentes (cocinar un cabrito, un borrego) animales no muy comunes en otros lugares del país. Animales que además de ser pesados y apestosos, no forman parte del ritual en la mayoría de las veces estén las mujeres presentes ahí. Es parte de la dinámica de convivencia social y de afirmación de la identidad norteña el consumir, cocinar y ritualizar esos alimentos.

     Si tomamos esta definición del mexicano hay dos planteamientos interesantes para responder, las necesidades que expresan esta definición y los aspectos del ejercicio del poder que se revela. Analizando la mexicanidad, y el machista norteño está responiendo a una necesidad social como anteriormente se menciona, a la necesidad de cumplir un rol de proveedor y principal generador de economía familiar y social, “del jefe del hogar”. Ahora bien, los ejercicios de poder que se revelan a en este contexto de machismo en el norteño y en el mexicano en general están en función también de algo más global. De cómo funciona la política internacional, las decisiones entre principales compañías, en un mundo en donde el petroleo se sigue controlando en familias árabes en donde la mujer aún no figura siquiera en pretender tener una total equidad de derechos. Es dificil que se pueda hacer un cambio estructural total en la sociedad. Aparentemente occidente está modernizado, revolucionado; pero en la realidad las decisiones globales se siguen tomando generalmente entre un conglomerado de hombres. Y como establecería Foucault “sabemos quienes no tienen el poder pero no sabemos quién sí lo tiene”. Entonces el machismo responde a algo mucho más amplio y complejo que las costumbres de un rancho o de un territorio, sino a todo un sistema político en el mandato y toma de decisiones. Entonces, si tomamos como punto de partida una dimensión analítica individual y preguntamos qué procesos sociales presupone esta dimensión, con que relaciones y/o estructuras sociales interactúa? Encontramos que por supuesto además de un entendimiento individual y conformación de identidad a la que pudiera responder el machismo, definitivamente es un tema que pudiera ser mejor estudiado y planteado desde una visión sociológica (macro), con la masa, con las estructuras de poder que fluctúan entre todos los países, entre todas las entidades y sociedades.

     Otra manifestación del norteño machista se hizo viva y real como una caricatura tomando vida cuando Jaime Heliodoro Rodríguez “El Bronco” fue elegido como gobernador del estado de Nuevo León. Representando sin duda al líder carismático que aparentemente tenía una propuesta distinta al no pertenecer al PRI o PAN, por ser candidato independiente. Un hombre alto, grande, robusto, de rancho, con uso de lenguaje popular, dando un discurso moral de cómo la unión familiar y el matrimonio es lo más sagrado e importante, interesante discurso considerando que ya tenía anteriormente matrimonios fallidos, y por supuesto que su historial político formaba parte del PRI. Quizá lo que lo hizo ganar fue una desesperanza social para revivir lo mismo que no ha funcionado, o quizá fue este discurso carismático, de empatía, de entendimiento, de macho norteño incluso, de precursor de los valores familiares y tradicionales del norte. Por supuesto el descontento de la gente se hizo presente en su primer año de mandato, y la reprobación total fue vista hasta que se postuló a la presidencia, abandonando los cargos de la gubernatura pero repitiendo un discurso que a nivel nacional no funcionó sino como material de mofa y carilla para memes. Si bien, seguramente había motivos por los cuales funcionaba su postulación para otros partidos o para el poder. También me pregunto por qué este discurso moral, machista, directo funcionó tan bien en un inicio en el norte y a nivel nacional se le colocaba no menos que como una caricatura hablante. El “Bronco” es una representación tangible, directa de cómo en la sociedad norteña sigue funcionando el prototipo de macho mexicano confiable para gobernar y ver por el bien de todos. La rutinización del carisma que Weber manifiesta se hace presente cuando el discurso queda fallido, hueco, cuando ya no mueve porque en el fondo nada cambió en la estructura y todo estaba en función de algo más.

    Como conclusión podría decir que el tema del machismo en el norteño mexicano me han llevado a entender una esfera pequeña pero importante de la sociedad en mi país. El poder al ser subjetivo, al estar inmiscuido en muchos sistemas micro y marco; al no saberse exactamente cómo se mueve y quién lo mueve, lo hace algo complejo de asimilar como un todo. Pero creo que desglosarlo por grupos, temáticas o sociedades ayuda a verlo más claramente desde una perspectiva más abierta. El macho mexicano no formó su identidad de la nada, ni se ha alimentado sola o por un solo grupo social o género. Se ha formado y ha evolucionado conforme la sociedad lo ha permitido, conforme ha ido funcionando para algo más. El macho mexicano también tiene miedo que su identidad se vea amenazada, y se está viendo amenazada, dejándolo vulnerable en ciertas ocasiones a partir de la escucha de cómo cambia un discurso construid históricamente. El macho mexicano también está en función del otro, todo aquello denominado “otro” que lo permite. Las instituciones académicas que refuerzan desde niveles muy básicos cómo tal vez no importa que el niño saque las mejores calificaciones porque lo importante es cuando vaya a poner en práctica todo y ejecutar, tener un trabajo que permitirá proveer. En cambio, a la niña se le motiva que cumpla con lo requerido, que tenga buena presentación, buena letra, limpia y que siga los fundamentos de la disciplina escolar. Poniéndola en un cuadrante más parecido a la que sigue ordenes mientras otro marca el rumbo de la vida. Después siguen las demandas familiares, en donde es permitido el hombre tenga ciertos comportamientos sociales que son terriblemente mal vistos en las mujeres. Las horas de llegada a casa, el consumo de alcohol, las faltas a la moral, la sexualidad manifiesta, el lenguaje permitido. Todo se va pautando a partir del género tenido y el rol social que históricamente se ha catalogado a dicho género.

     En un contexto después más adulto, en el desarrollo profesional y de familia, en donde bien las estructuras se han movido hasta cierto punto, se sigue habiendo una lucha por que la mujer pueda tomar un rol de equidad económica y política al igual que el hombre. Pero definitivamente creo que el microsistema más difícil de mover y permear es el familiar. Socialmente se permiten cosas que son casi imposibles de detener por la globalización y justamente, el movimiento de masa. Pero a nivel familia se sigue moviendo un discurso moral difícil de permear emocionalmente y despertando mucha culpa en ocasiones por ser un agente de cambio a aquello que está dictando la masa.

     Todo el tema del machismo en México y los subgrupos infinitos que tenemos en México, llevan a pensar cómo funcionan para un ejercicio de poder nacional y más allá, internacional. Por qué una conducta está en función siempre de algo más y no solo de lo que aparenta ser. Por qué el discurso moral mueve aún a la masa, a todo un territorio, a toda una sociedad. Son planteamientos que además de ser muy interesantes, son muy subjetivos porque dependen de muchas condiciones y situaciones. Pero además son movibles y están en constante cambio, a veces por muchos años casi imperceptibles. El machismo del norteño mexicano es una ventana nada más para entender un todo, que se mueve en conjunto y nos mueve a todos.

 

Fuentes

Canetti, Elias (1983) “Masa y Poder” Primera edición, Barcelona, España.

Elias, Norbert (1977) “El proceso de la civilización, investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas” Primera edición, Alemania.

Foucault, Michel (1979), “Microfísica del poder”. Segunda edición, Madrid, España.

Foucault, Michel (1976) “Vigilar y Castigar”. Segunda edición.

Garza, Luciano (2017) “Gays y frente por la familia”,  Revista Proceso: https://www.proceso.com.mx/454557/gays-frente-la-familia-se-reunen-en-macroplaza-monterrey-se-fastidian

Laplanche, Jean (1967) “Diccionario de psicoanálisis”. Primera edición, París, Francia.

Monsivais, Carlos (2017) “Identidad nacional, lo sagrado y lo profano”: https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/5ea66317-33b8-42fe-89d2-f3703dab77b9/identidad-nacional

(Sin autor) “Estudio del psicoanálisis y psicología” : https://www.psicopsi.com/Concepto-teorias-sobre-identidad

 

 

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