“Puedes irte cuando quieras, pero no olvides jamás
Encenderme algunas velas para seguirte hasta donde estás.”
¿Quién muere sin haber vivido un duelo amoroso en el transcurso de su vida? Hay muchos tipos de amor, de relaciones, despedidas y de duelos. Pero nadie se libra de haber pasado por una pérdida romántica o una pérdida de ideal romántico, de un concepto o una fantasía.
Duelo se define como un proceso después de una pérdida, y todo lo que ocurre después de esta misma. Hay macro y mico pérdidas, por ende macro duelos y micro duelos. Hay duelos que por más grandes que sean, en ocasiones es en base a la pérdida de un objeto en fantasía y no un objeto real. Se recorre un camino que no es lineal, que puede tener regresiones y cuando no se trata de una muerte, de nuevos intentos.
Las fases del duelo generalmente comienzan con una negación, la idea de perder a la persona amada no se quiere ver ni aceptar. Después viene el enojo con el objeto (persona) que se pierde, que se va; y el enojo es justo por eso, por haber partido (ya sea por muerte o por separación). Le continúa una introyección, que es la identificación con el objeto/persona perdido, hay un intento de que siga estando. Y después de todo esto hay dos opciones, aceptar el objeto perdido no es recuperable o entender que todo aquello para lo que servía en algunas ocasiones puede ser recuperable. Es decir, todo lo que la persona brindaba psíquicamente a la vida de uno, aunque ya no lo brinde dicha persona, se recupera de otra forma y se reintegra.
Con aquello que puede ser sustituido comienza una búsqueda de estos objetos (personas). Los primeros intentos de búsqueda son maníacos generalmente (se busca lo más parecido al objeto perdido) y van a fracasar eventualmente. Eso provoca regresión en el proceso del duelo a alguna etapa del duelo previo. Se espera que se vayan formando relaciones de objeto (personales) nuevas, que vayan cubriendo cosas de la persona perdida, más no la persona, nunca más la persona.
Cuando hay un intento (a veces mental nada más) de no perder el objeto, se usan dos mecanismos de defensa: la idealización y la identificación. Cada que se recuerda a la persona es una forma de tenerla con uno, y se idealiza, se tiende a potencializar lo bueno y negar las cosas malas. Se recrea el objeto y en lugar de tristeza, se siente nostalgia. La nostalgia genera placer puesto es pensar lo que tuviste y ya no está, hay una constante falta.
El duelo no es exclusivo de despedirse de una persona, también puede haber un duelo por la pérdida de una idea o concepto que se tenía de una persona. Hay ocasiones en que dos personas físicamente no están unidas por mucho tiempo, pero emocional y mentalmente lo conllevan a años, incluso a toda la vida. Cuando hay un acontecimiento que rompe el ideal o creencia respecto con una de las partes, surge el duelo.
El duelo es pérdida, y la pérdida cuando es reciente es una herida abierta, es desangrarse con dolor, aunque a veces se sepa que lo que se pierde es digno de soltarse (cuando no hablamos de muerte). La pérdida es abrazar sin sentir el calor, es no saber cuando esa herida va a cerrar y tener el pecho con ese dolor de corazón que parece se haya partido en dos. Pero también es tener la certeza que eventualmente todo se va a acomodar y reintegrar.
La pérdida implica también nuevas opciones, nuevos caminos y con esto nuevas personas. Cuando se cierra un ciclo se abren inmediatamente otros. Es mejor dejar ir cuando algo ya no es sano, cuando no funciona, para poder dar nuevas oportunidades a distintas y tal vez mejores opciones de vida.
A veces no se puede estar no porque no se quiera, sino porque no se puede. A veces el amor no es terrenal, A veces el amor tiene ataduras invisibles, A veces el amor pesa y se debe soltar.