Fantasía es teatro

Por supuesto, está en nuestra época la dramaturgia que debe
permitir poner en su nivel el drama de aquél con quien tenemos
que vérnosla en lo concerniente al deseo.
Jacques Lacan

 

     Los pasados meses me reconecté con el teatro; tenía tiempo de no hacerlo y recordé por qué hace unos años me era tan atractivo. El teatro y la psicoterapia son como los días nublados y los soleados, tan diferentes pero tan parte de lo mismo, parte del mundo, del tiempo y de la humanidad en el ser. Son actos acerca de entenderme y entenderte a través de representaciones y doblajes ya sea en la vida misma o en el escenario.

Voy como parte del público y me conecto con el actor, así como la actriz se conecta con el público y hay una comunicación y una energía de la cual no puede uno escapar, no nos podemos esconder, tal como ocurre con la transferencia y contratransferencia en el consultorio. Tanta energía conjunta nos invita a querer indagar más y más, aunque vayamos en ocasiones a lo oscuro de la psique; a todo aquello que la mayoría de las veces no queremos voltear a ver, no queremos cuestionar, mucho menos confrontar.

Si bien dice una canción de Mercedes Ferrer “Fantasía es teatro es ilusión”, ¿No es así la vida misma? ¿No forma todo parte de una ilusión, de una fantasía que anhelamos y en varias ocasiones nos inventamos?, ¿No somos capaces de cualquier cosa por seguir alimentando la fantasía que queremos creer?. Nos cuesta a veces voltear a ver a la cara la realidad y tragarla completa, pasar el sabor amargo y también el dulce. Muchas veces elegimos formar parte del cuento que nos dijeron y que nuestra mente ha elegido seguir. Otras tantas veces la fantasía nos ayuda a aligerar la lucha entre la razón y el deseo.

El teatro y la psicoterapia tienen mucho de parecido, comparten muchos procesos y son abiertamente propensos a la vulnerabilidad. Vamos al consultorio a reconstruirnos, a entender nuestra historia y poder generar alternativas para la misma, para nuestra propia vida. Al teatro vamos a la expectativa de una historia que nos van a contar, y muchas veces la construcción y deconstrucción que hacemos de la misma va acorde a los moldes que tenemos clavados en nuestro self.

Y es que la vulnerabilidad a la que se somete el público y los actores es similar a la vulnerabilidad a la que se somete paciente y terapeuta. Desnudar emociones, cuestionar la propia mente, ponerse como espejo y sacudirse a borbotones, romper la fantasía, cuestionar el cuento que a veces nos hemos inventado. El teatro es vulnerabilidad, así como cualquier tratamiento terapéutico. Indiscutiblemente se crece espiritualmente, el alma se llena de gozo cada vez que se cuestiona, que se ríe, que se llora; tanto el acto de psicoterapia, como el acto de interpretar sanan y alimentan. Al interpretar una obra, una historia se usa la historia como reparación, tanto de aquél que la perpetúa como de aquél espectador que la internaliza, le da significado y reelabora.

Así que no dejemos que el cuestionamiento muera, la elaboración de historias reales y ficticias para el entendimiento de nuestra propia mente y la del otro. Que la reparación viva en nuestras vidas así como en el escenario, que llenemos de arte nuestro camino para la sanación del alma y el entendimiento humano.

 

 

 

 

 

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