Leonora Carrington, Remedios Varo y Frida Kahlo
Comenzaremos con la mexicana Frida Kahlo. La vida de Frida estuvo llena de tormentosos accidentes, degradación física y dolores desde muy temprana edad. A la corta edad de seis años sufrió un ataque de poliomielitis que afectó permanentemente su pierna derecha. Posteriormente, cuando Frida tenía dieciocho años, sufrió un accidente que la obligó a una larga convalecencia en cama.[1] Durante la recuperación de este accidente, Frida comienza a pintar, dando vida a sus múltiples autorretratos ya que mientras estaba en cama, lo único que veía era su imagen a través del espejo en su habitación.
Así Frida, comienza a utilizar el arte como expresión y elaboración en su vida. Kahlo es conocida por la basta cantidad que hay de autorretratos de ella, alguna vez le cuestionaron el porqué de tantos y dijo que se retrataba a sí misma porque pasaba mucho tiempo sola y porque era el motivo que mejor conocía. A partir de esto podemos directamente ligar la sublimación que desarrolló como proceso en aquél doloroso momento de su vida, descargando su frustración, inmovilidad y dolor en la pintura y tratando de encontrar un reflejo de ella misma en su obra maestra. Un reflejo que evidentemente generaba una mayor comprensión sobre quién era, probablemente qué anhelaba y deseaba, y cuál era la falta que tenía.
En 1929 Frida contrajo matrimonio con el reconocido pintor Diego Rivera; tuvieron una relación pasional y tormentosa hasta el último día de su vida. Uno de los momentos clave de la pintora fue cuando sufrió un aborto después de tres años de matrimonio. Este acontecimiento fue catastrófico en la vida de la artista, motivo por el cual elaboró una de sus obras más reconocidas la cual lleva como nombre, Henry Ford Hospital (1932). En la obra se puede ver todos los simbolismos de esa realidad aterradora que vivía; Se observa a Frida en una cama de hospital, desangrada, de su mano salen hilos conductores, que parecen venas, llevándola hacía seis elementos que simbolizan la sexualidad y el embarazo mal logrado. Sobre la cama está un caracol, que en las propias palabras de Frida representa la lentitud del aborto. Debajo de la cama hay una maqueta médica, al lado un modelo óseo, aludiendo a las causas del aborto: las fracturas en la columna y pelvis que el accidente provocaron en Frida. Hay una orquídea violeta, marchita, símbolo de sexualidad y sentimiento de la artista la cual Diego le llevó al hospital. En esta obra con mucho contenido emocional y temático, se puede observar la realidad reinterpretada por ella, su percepción de aquél lamentable hecho y claramente vemos reflejadas las aportaciones de Jung, en donde hace mención de que la realidad es una percepción propia de una vivencia o situación. En el caso de Frida, todos esos simbolismos rodeaban un trágico momento y fue la forma en que dio explicación al aborto. Por medio de este proceso de sublimación, generó una reparación de su situación, de ella misma y probablemente un acercamiento al conocimiento de sí misma.
A lo largo de su vida, Frida continuó expresando su dolor en la pintura, utilizando una gran cantidad de simbolismos. Alguna vez se le llegó a considerar como pintora surrealista, y a lo cual ella contestó que de ninguna manera era así, ya que todo lo que ella pintaba era su realidad y no sueños. En su obra La columna rota que realizó en 1944 se observa un autorretrato en donde expresa toda la desintegración de su cuerpo, la agonía y el sufrimiento que experimentaba. Aparece en el retrato mostrando una columna rota en lugar de una vertebral y con un aparato ortopédico de metal. Kahlo tenía mucha consciencia de que la pintura para ella era una reparación ante sus situaciones de vida; pareciera ser como si de esta forma se abrazara, se entendiera, se conociera y aceptara.
Su vida amorosa con Diego estuvo marcada de tragedias, infidelidades, disputas, rupturas y reconciliaciones. Otro de los más dolorosos sucesos que Frida llegó a vivir fue la infidelidad de Diego con su hermana Cristina. Esta situación de dolor la pintora la representó en su obra El corazón, que realizó en 1937. En la pintura se observa a una Frida sin manos, lo que representa su impotencia y desesperación ante el enredo amoroso entre su esposo y su hermana. Su corazón, literalmente arrancado, yace a sus pies y posee un tamaño desmesurado que refleja la intensidad del dolor que estaba viviendo. Junto a ella, está un vestido femenino que alude a su hermana, pende de un hilo, a la vez que de sus mangas sale un único brazo que enlaza y un palo que atraviesa el hueco que ha dejado su propio corazón.
Vemos la sublimación presente en su obra, mostrando a consciencia su dolor, sufrimiento y angustia presentes en diversos momentos ocurridos en su vida. En algunos retratos también se observan elementos esperanzadores, de reparación. ¿Acaso podemos decir que la tristeza por su enfermedad, su accidente, la incapacidad para tener hijos, las múltiples infidelidades no fueron llevadas directamente al arte y tal vez, aligerar un poco su dolor? Y me atrevería a asegurar, que su proceso creativo no solo fue recurso para evocar este dolor y reparación, sino para ella misma comprender su realidad y la postura que tenía respecto a esta misma.
Antes de hablar sobre Leonora Carrington y Remedios Varo me gustaría definir qué es el surrealismo, ya que hoy en día se les reconoce como una de las más grandes surrealistas en la historia. El surrealismo, “que no es meramente un movimiento artístico más, sino una actitud ante la vida, transmite una afirmación intensa de la libertad, la esperanza de una vida humana de plenitud, la utopía de una mente dueña de todas sus posibilidades. En ese sentido, la invocación surrealista del sueño debe entenderse, ante todo, como la manifestación de una revuelta contra la aceptación realista de un mundo mal hecho, contra una actitud de aceptación resignada del dolor y el sufrimiento.[2] Así José Jiménez explica el surrealismo, lo único que se podría añadir es que el surrealismo es entendido por expresar todo aquello que no va acorde a una realidad aceptada, lógica o conocida por la mayoría de las personas, sino todo aquello que ocurre en sueños, en lo efímero, en lo inconsciente.
Leonora Carrington tuvo el privilegio de haber nacido en el seno de una familia inglesa acaudalada. Desde muy pequeña tuvo oportunidad de explorar el arte y la creatividad. Elena Poniatowska, en su libro Leonora, relata cómo desde muy temprana edad la pintora tenía una pasión por la creación y por los animales.[3] Este gusto e incluso identificación con animales es mostrado en la mayoría de sus pinturas, por ejemplo en su pintura Autorretrato que hizo en 1936, en donde hay tres animales rodeándola a ella y deja claro la identificación de su misma persona hacia esa especie animal. Leonora no se sentía comprendida del todo por su familia, por sus compañeros de clase o sus profesores. Llegó a confesar tenía problemas con la autoridad en general, y probablemente por eso tenía estas fantasías de mayor entendimiento con otros seres vivos, diferentes a ella. Todo lo anterior se muestra repetidamente en su obra, dejando claro la identificación de sí misma con animales y especies fantásticas.
Otro elemento clave en la vida de Leonora es su constante tendencia a huir. Ella se escapó a los diecinueve años a Londres, conoce a uno de sus grandes amores, Max Ernst y se va a París. Se ven afectados por los estragos de la segunda guerra mundial, y cuando encarcelan a Max, ella tuvo un quiebre psicológico y sus padres la encierran en un psiquiátrico en Portugal, de donde vuelve a escapar, para después volver a escapar una tercera vez al momento en que por barco la llevaban a internar a otro psiquiátrico en Sudáfrica. Ésta fue su última escapada, ya que llega a México, lugar en el que vive hasta su muerte en el año 2011. Valdría la pena preguntarnos si esta tendencia a huir es reflejada en las pinturas e historias de la pintora.
El escapar de lugares y la identificación que tenía Leonora con otros seres vivos diferentes a la especie humana es reflejado recurrentemente, haciendo de su obra un posible auto entendimiento de sí misma y tal vez, explicando su percepción del mundo surrealista y su propia existencia. El uso de símbolos que hacen referencia a la mitología griega y posteriormente a la cultura Maya nos hacen ver que Leonora concebía la realidad de una manera fantástica y mágica; representando en sus obras todos los sueños, ilusiones y deseos. Vemos en Las distracciones de Dragoberto (1945) todos estos seres enigmáticos, mitad humanos, mitad animales, un gran conjunto de estos símbolos de mitología y una vez más todos los elementos de su viaje, de movimiento y de escape.
Obras como Toro bravo (1977), El baño del pájaro (1978), El laberinto (1991), entre muchas otras nos dejan ver que para Leonora no había una diferencia jerárquica, incluso de especie misma entre los seres vivientes del mundo. Pone en un mismo plano al humano que a los animales, así fueran caballos, pájaros, felinos, e incluso seres fantásticos inexistentes. A diferencia de Frida, Leonora plasma lo que para ella representa su realidad, ya que todos aquellos sueños, así como elementos inconscientes los lleva al arte y a la expresión. Reflejando así, su posible locura y desconexión con la realidad; también a su vez respuestas para posibles preguntas que tuviera respecto a quién era y quizá cómo se concebía en la vida.
Cuando Leonora llega a la ciudad de México y se encuentra de nuevo con Remedios Varo, -ambas artistas que salieron de Europa después de vivir los estragos de la guerra y compartiendo el interés por el movimiento surrealista-, logran hacerse grandes amigas y reconocidas en el movimiento artístico. Hay muchos elementos que comparten en sus obras, pero cada una con su sello característico y con sus simbolismos bien diferenciados.
Durante sus años de vida en México, las dos pintoras despertaron el interés de grandes intelectuales como Octavio Paz, quien en alguna ocasión comentó: “Hay en México dos artistas admirables, dos hechiceras hechizadas: jamás han oído las voces del elogio o reprobación de escuelas y partidos… Insensibles a la moral social, a la estética y al precio, Leonora Carrington y Remedios Varo atraviesan nuestra ciudad con un aire indecible y suprema distracción. ¿A dónde van? Adonde las llaman imaginación y pasión.”[4] Ambas se colocaron entre el mundo de intelectuales y artistas como enigmáticas, misteriosas y sobre todo talentosas.
Remedios Varo nace y crece en España, estudiando arte en una reconocida academia y desde inicios de sus estudios dejando clara su postura de rebeldía y no aceptación a la lógica. Tenía un gusto desorbitante por todos los elementos científicos ya que fue influenciada por su padre. Tuvo mucho interés en la ciencia y en la alquimia, elemento que es representado recurrentemente en sus obras; también el ocultismo, la magia, los hechizos están presentes en todo su proceso creativo. De una manera muy interesante logró empatar la ciencia con lo místico en sus pinturas, dejando una huella muy clara de quién era ella o al menos en qué creía y despertaba curiosidad e interés.
Masayo Nonaka recapitula interesantes pasajes de la vida de la pintora en sus años en México en donde se explica cómo Varo ejemplificaba en sus pinturas su creencia acerca de elementos sobrenaturales. Incluso mencionando que por más interesante que le parecieran las tradiciones mexicanas de magia y brujería, no se podía identificar del todo porque no eran iguales a las de su natal España. Y por ejemplo en su obra Tres destinos (1956) Remedios deja huella de sus sensibilidades místicas españolas, al igual que en Ciencia inútil o El alquimista (1955).
Remedios aunque evocando en sus pinturas toda la influencia de conocimientos astrológicos y de alquimia que se generaron en su país de origen, continúo adentrándose en el tema en nuestro país y junto con otros intelectuales y artistas participaron en grupos de investigación mística, le interesaba a Varo especialmente todo lo que tuviera que ver con el balance y la armonía del universo a través de las artes. Representando este conocimiento e inquietud en obras tales como, Música solar y Creación de las aves (1957).
A Varo le apasionaba como hemos mencionado todo el tema espiritual, místico pero también todo el conocimiento científico, como sus procesos. Otro tema que me parece de interés mencionar y que quedó plasmado en una de sus más grandes y aclamadas obras Mujer saliendo del psicoanalista (1960) es precisamente el psicoanálisis. Para Remedios el arte surrealista era una representación de lo que el inconsciente es para el psicoanálisis. Todos los símbolos que ella representaba en su obra sabía que venían desde lo más profundo de su ser, de sus miedos, deseos y anhelos, que los equiparaba a los elementos inconscientes de lo que el psicoanálisis tanto hablaba.
Tanto Remedios Varo como Leonora Carrington fueron dos mujeres que no aceptaron que la realidad fuera únicamente lo observable y tangible. Dejaron volar su imaginación, tuvieron tanto la paciencia como el talento para dejarlo plasmado, nos enseñaron lo más profundo de sus emociones así como su razón. Nos muestran cómo utilizaron la sublimación para aligerar una frustración, en el caso de Frida Kahlo, dolor físico, diferente en el caso de Leonora y Remedios tal vez la búsqueda espiritual o su postura de desacuerdo con un mundo convencional de reglas y lo cotidiano.
Frida Khalo, Leonora Carrington y Remedios Varo, con sus distintos estilos y a través de su arte, lograron representar momentos claves de sus vidas, los deseos, miedos, angustias, sueños e incluso locura en el caso de Leonora que vivieron. Cada obra maestra que dejaron fue conocimiento para ellas de sí mismas; ya que al momento de plasmar con dibujos y pintura elementos conscientes e inconscientes veían el reflejo de su ser para después hacer una interpretación de su misma obra y por supuesto, de ellas mismas.
Para cerrar con este capítulo me gustaría añadir que el conocimiento del sí mismo será cada día para las personas un enigma, una tarea y una meta a la cual poco a poco llegar. Con el tiempo nos vamos viendo así como reconociendo; lo más oculto que emerge de nosotros a través de sueños, actos fallidos, pulsiones, lo aceptamos, lo abrazamos, intentando cada día ser un poco más reales, más completos y más nosotros mismos. Aunque en nuestro proceso de vida no alcancemos a entendernos completamente del todo porque evolucionamos y cambiamos, vale la pena hacer todo aquello que nos lleve un poco más a la verdad más profunda de nuestro ser y en el proceso de esto, disfrutar todo ese camino.
Bibliografía
De Tavira, Federico. 1996. Introducción al psicoanálisis del arte. Sobre la fecundidad psíquica. México: Plaza y Valdés.
Freud, Sigmund. 2012. Sigmund Freud Obras completas Vol. XIV. España: Amorrortu.
Freud, Sigmund. 2012. Sigmund Freud Obras completas Vol. XVIII. España: Amorrortu.
Jiménez, José. 2013. El surrealismo y el sueño. España: Museo Thyssen-Bornemisza.
Jung, Carl. 1992. Contribuciones a los simbolismos. España: Paidós.
Jung, Carl. 1990. Las relaciones entre el yo y el inconsciente. España: Paidós.
Jung, Carl. 1970. Arquetipos e inconsciente colectivo. Argentina: Paidós.
Kettenmann, Andrea. 1999. Kahlo. España: Taschen.
Klein, Melanie. 1990. Obras completas. Amor, culpa y reparación. Argentina: Paidós.
Laplanche, Jean. 2013. Diccionario de psicoanálisis. Argentina: Paidós.
Nonaka, Masayo. 2014. Remedios Varo: Los años en México. México: RM.
Poniatowska, Elena. 2011. Leonora. España: Seix Barral.
[1] Andrea Kettenmann, Kahlo. (España: Taschen, 1999), pág. 17-90
[2] José Jiménez, El surrealismo y el sueño. (España: Museo Thyssen-Bornemisza, 2013), pág.8
[3] Elena Poniatowska, Leonora. (España: Seix Barral, 2011), pág.9-507
[4] Masayo Nonaka, Remedios Varo: Los años en México. (México: RM, 2014), pág. 9-18.