El concepto de sublimación en el contexto psicoanalítico surge a partir de que Freud lo explica como mecanismo de defensa[1]. Sigmund Freud define la sublimación como uno de los muchos destinos en el cual las pulsiones[2] pueden experimentar su desarrollo y manifestación final. Añade en Teoría de la libido que, la sublimación es el destino de pulsión más importante, ya que la pulsión originalmente sexual halla su satisfacción en una operación que ya no es más sexual, sino que recibe una valoración social o ética superior[3]; como lo es el arte. Aclarando un poco la definición de Freud y tomando en cuenta que toda energía que está en el cuerpo genera una emoción o conducta, es que entonces podemos entender cómo un proceso mental o emocional que vive una persona puede transmitirse en el proceso artístico que genera. Todas las personas podemos vivir un proceso de sublimación, independientemente del talento o las habilidades que se posean para generarlo y evocar un resultado placentero.
Melanie Klein al igual que Freud define a la sublimación como un proceso que abre una vía de descarga para las excitaciones poderosas, que emanan de las distintas fuentes de la sexualidad y les permite ser aplicadas en otras direcciones, por ejemplo, en el arte. De este modo, cuando el sujeto tiene una disposición constitucional anormal, la excitación superflua puede encontrar descarga no sólo en la perversión o neurosis sino también en la sublimación. Cuando la represión comienza a actuar y se progresa de la identificación a la formación de símbolos, la libido se desplaza a otros objetos y actividades de los de auto conservación, que originariamente no poseían una tonalidad placentera; así se llega al mecanismo de la sublimación.[4] Es importante mencionar que a diferencia de Freud, Melanie Klein enfatiza en su obra que la sublimación no sirve solamente como un desvío de energía sino también como un proceso para reparar algo en la vida del individuo, ya sea dolor, culpa o una falta de cualquier tipo.
Federico de Tavira de una forma muy sencilla y clara menciona que en la creatividad como en el psicoanálisis, a través del lenguaje expresivo y simbólico, se manifiestan los impulsos inconscientes de catexias[5] propulsadas a partir de un deseo o necesidad. En ambos campos se manejan motivaciones inconscientes que se manifiestan y son susceptibles a interpretación. El artista es capaz de conocer el material inconsciente de su mundo interior y transformarlo en obra.[6]
Jung manifiesta que todo individuo creativo sabe que la espontaneidad es la cualidad esencial del pensamiento creador. Por no ser el inconsciente mero reflejo reactivo sino actividad productiva autónoma, su ámbito de experiencia constituye un mundo propio, una realidad propia, de la cual podemos decir que influye sobre nosotros como nosotros sobre ella; lo mismo, pues, que decimos del ámbito de experiencia del mundo externo.[7] Como he mencionado, Jung explica cómo el descubrir los elementos inconscientes nos acercan más al propio entendimiento, y en esta cita hace referencia al proceso creativo como vía para el acceso a lo inconsciente.
Ya que tenemos claridad acerca del concepto de sublimación abordado por el psicoanálisis y los procesos inconscientes que nos conforman individualmente, y por ende sobre el conocimiento de sí mismo que podemos tener al respecto, es que vamos a analizar un poco sobre el proceso de sublimación que tres grandes pintoras nos dejaron representados en su obra artística. Vale la pena cuestionarnos si el arte que estas mujeres desarrollaron hizo que tuvieran un mayor conocimiento de ellas mismas, o tal vez una aproximación a entenderse emocional y cognitivamente, también, si en esta expresión artística, es que pudieron aligerar el dolor, la angustia; y dieron vida a sus deseos y sueños más profundos.
[1] Mecanismos de defensa son las diferentes tipos de operaciones en las cuales puede especificarse la defensa. Los mecanismos perponderantes varían según el tipo de afección que se considere, según la etapa genética, según el grado de elaboración del conflicto defensivo, etc.
Jean Laplanche, Diccionario de psicoanálisis. (Argentina: Paidós, 2013), pág. 220.
[2] Freud define a la pulsión como un “concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma”.
Sigmund Freud, Sigmund Freud Obras completas Vol. XIV. (España: Amorrortu editores, 2012), pág. 108.
[3] Sigmund Freud, Sigmund Freud Obras completas Vol. XVIII. (España: Amorrortu editores, 2012), pág. 251.
[4] Melanie Klein, Obras completas. Amor, culpa y reparación. (Argentina: Paidós, 1990), pág. 96-100
[5] La catexia hace que cierta energía psíquica se halle unida a una representación o grupo de representaciones, una parte del cuerpo, un objeto, etcétera.
Jean Laplanche, Diccionario de psicoanálisis. (Argentina: Paidós, 2013), pág. 49.
[6] Federico de Tavira, Introducción al psicoanálisis del arte. Sobre la fecundidad psíquica. (México: Plaza y Valdés editores, 1996), pág. 156.
[7] Carl G. Jung, Las relaciones entre el yo y el inconsciente. (España: Paidós, 1990), pág. 83.